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Preparación del emplazamiento para la instalación de equipos: acceso, carga y logística

La preparación de un emplazamiento para la instalación de equipos comienza por verificar el acceso físico, la capacidad de carga del suelo y del hormigón, y el espacio de almacenamiento in situ, y debe realizarse antes de que se concrete el calendario, no después de que ya se haya encargado el equipo. La mayor parte del trabajo de instalación de equipos se lleva a cabo en instalaciones existentes y en funcionamiento, en lugar de en nuevas construcciones, lo que significa que el edificio nunca se diseñó teniendo en cuenta el equipo específico que está a punto de instalarse en él. Esa falta de adecuación es la causa de una gran parte de los costes de instalación y de los riesgos relacionados con el calendario.

Confirma el acceso físico antes de programar cualquier otra cosa

La primera cuestión que hay que plantearse en cualquier instalación es si el equipo puede entrar físicamente en el edificio, no si cabe sobre el papel. Es posible que las puertas del muelle de carga o las puertas a nivel del suelo de las instalaciones existentes no sean lo suficientemente anchas para la caja de transporte. Eso no significa que la carga pueda trasladarse desde el muelle hasta su ubicación final sin algunos preparativos adicionales. Un equipo de montadores recorre las instalaciones específicamente para comprobar los puntos de salida y acceso, la altura de los techos para las grúas y el recorrido que seguirá el equipo una vez que esté dentro del edificio. Las curvas cerradas, la escasa altura libre y los pasillos estrechos son detalles que se pasan por alto al revisar los planos y que se descubren in situ, normalmente en el peor momento posible.

La capacidad de carga del suelo y del hormigón influye en el precio incluso antes de que comiencen las obras

Una instalación ya existente conlleva más riesgo en este caso que una nueva construcción, simplemente porque la losa que hay debajo se diseñó para el proceso actual, no siempre para la carga que está a punto de atravesarla. Mover una pieza de equipamiento de setenta y cinco mil libras sobre un terreno asfaltado o un suelo interior que nunca se diseñó para ese tipo de carga puntual suele implicar que primero haya que colocar una placa de acero, lo que añade costes y tiempo al calendario antes incluso de que el equipamiento llegue a su ubicación definitiva. La ruta de desplazamiento es tan importante como el destino: hay que comprobar el estado del suelo y del hormigón a lo largo de todo el recorrido que seguirá la carga, no solo en la plataforma donde acabará, o se producirá una orden de modificación a mitad del traslado en lugar de figurar en el presupuesto.

Planifica el almacenamiento antes de que llegue el primer camión

El almacenamiento es un aspecto relacionado y que a menudo se subestima. En un plano se muestra un equipo que encaja perfectamente en una esquina de la planta. En la práctica, puede llegar en veinticinco camiones distintos, sin embalar, y hay que colocarlo siguiendo una secuencia específica. Confirmar el espacio de almacenamiento es solo el primer paso. La secuencia de entrega, almacenamiento temporal e instalación influye en la cantidad de espacio que se puede utilizar en cada momento, y eso hay que tenerlo todo calculado antes de que llegue el primer camión, no mientras está parado en el muelle.

La misma planificación se aplica al equipo que se retira. El equipo antiguo que se retira de unas instalaciones necesita un lugar donde almacenarse antes de que pueda entrar el nuevo, y las instalaciones suelen subestimar el espacio que se requiere una vez desmontado y preparado para su eliminación o traslado.

Adapta la secuencia de entrega al plan de instalación, no a la fecha de entrega

La cantidad de trabajo que hay importa menos que el orden en el que debe realizarse, y una secuencia de entrega que no se ajusta al plan de instalación es una de las causas más habituales de que se produzcan retrasos en el calendario. Cuando los equipos deben instalarse en un orden específico y la primera pieza de ese orden es la última en llegar, el equipo se queda esperando a que llegue el camión en lugar de trabajar. Esto también puede suponer que las instalaciones pierdan el control de su propio espacio de almacenamiento, no solo para los equipos que van a llegar, sino también para el almacenamiento de los productos ya existentes y las vías de salida.

Aquí es también donde el ritmo de trabajo importa más que el volumen total del proyecto. Un proyecto de gran envergadura repartido a lo largo de seis meses es manejable. El mismo proyecto comprimido en unas pocas semanas puede que no lo sea, porque la verdadera limitación es el número de personas que pueden trabajar de forma productiva al mismo tiempo, no el total de horas de trabajo. Los proyectos mejor gestionados son aquellos en los que un equipo estable puede permanecer en la obra durante un largo periodo de tiempo, realizando el trabajo a un ritmo sostenible, sin cambios constantes de personal. Coordinar la secuencia de entrega con la de instalación y adaptar el calendario a la capacidad real del equipo evita que un proyecto se estanque antes de empezar.

Qué implica esto a la hora de planificar una instalación

Antes de cerrar un calendario o firmar una orden de compra de nuevos equipos, confirma los puntos de salida y acceso a lo largo de todo el recorrido del equipo, la capacidad de carga del suelo y del hormigón, el espacio de apilamiento y almacenamiento tanto para los equipos que llegan como para los que se retiran, y una secuencia de entrega que se ajuste al plan de instalación real. Estos cuatro aspectos constituyen la base de todo lo demás en un proyecto de instalación, y omitirlos suele traducirse más adelante en órdenes de modificación, en lugar de en un ahorro inmediato.


Sobre el autor

Scott Walker ocupa el cargo de director de la división de montaje de maquinaria industrial del Grupo Industrial de Wayne Brothers, aportando a la organización 35 años de experiencia en construcción y montaje de maquinaria industrial. En este puesto, Scott asume responsabilidades de nivel ejecutivo en cuanto al rendimiento de los proyectos, supervisando todas las actividades de licitación y elaboración de presupuestos, al tiempo que ejerce un liderazgo estratégico sobre los proyectos y el personal. Su sólida formación técnica, combinada con su experiencia en gestión, le permite guiar a los equipos a través de proyectos complejos, centrándose en la calidad, el cumplimiento de los plazos y el éxito del cliente.

Lee la guía sobre cómo prepararse para la instalación
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